La invasión mediocre de los parásitos.

Están por todas partes. Vienen, colonizan y parasitan. Se adueñan por aburrimiento y perseverancia desplazando a los que trabajan para, después, utilizar parapetos con los que apoltronarse y perpetuarse.

Es la ensalada exótica de los mediocres. Ahí están. Los ves, aunque no siempre. Sus efectos son demoledores. Quieren estar, quieren ocupar. 

Si te acercas, ojo. Irán a por tí. Eres una amenaza. Te aniquilarán en su fantástico y endogámico Retablo de las Maravillas, donde nada es y todo parece.  Donde se autocomplacen en su mediocridad. «Esto es, esto no es; te lo dice un mediocre.»

La sociedad mediocre es similar a un apocalipsis zombie. Estás reodeado, quedáis pocos humanos y los grupos están dispersos. 

Hay mediocres con buena verborrea, sin duda los peores. Te hablan e idiotizan con su vacío discurso. Para cuando te des cuenta habrás perdido tu valioso tiempo en un ser que no es nada.

La mediocridad no entiende de estudios, ni de profesiones. Hay mediocres en todos los estamentos. Suelen trabajar poco y de cara a la galería. También saben buscarse buen acomodo. Son como parásitos. 

Si ves a un mediocre. ¡¡¡Huye!!! Si no lo ves, !cuidado! Seguro que tienes uno cerca.
Jesús López.

jesuslopez@laplataforma.org

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