Si me ves por la Feria de Málaga, brinda conmigo por la resistencia de Gibralfaro.

Sí. La Feria de Málaga se celebra por éstas fechas en honor a la conquista de la ciudad y posterior incorporación a la corona de Castilla. Yo, sin embargo, celebro la lucha a muerte por la independencia que llevó a cabo la última ciudad que plantó cara a los Reyes Católicos. Granada se rindió sin luchar, Málaga fue destruida luchando, leal, al Reino de Granada.

 

Casi nadie se acuerda, pero la última defensa en serio del Reino de Granada se llevó a cabo en Málaga. La ciudad que resistió fiel y cayó luchando hasta el final, hasta que la torre última dejó de tener defensores. “Sean para ellos la Gloria”, como el genial Antonio Gala pone en boca de “Boabdil” en su libro.

Fragmento de “El Manuscrito Carmesí”, Antonio Gala.

“El rey Fernando, recurriendo a un procedimiento ya habitual, solicitó la presencia de la reina Isabel y sus tropas, que estaban en Córdoba. Presionado por su esposa, el rey, que sólo había empleado hasta entonces artillería menor para conquistar la ciudad sin excesivo daño, resolvió utilizar los cañones de calibre más grueso; el estrago y la mortandad fueron incontables…

El hambre se agravaba por momentos; se acabó el trigo y se sustituyó por la cebada. Hubo que tomar medidas radicales; todos los alimentos se requisaron y se almacenaron; se daban a quienes combatían cuatro onzas de pan por la mañana y dos por la noche; las raciones disminuyeron hasta su inexistencia. Los malagueños entonces devoraron sus asnos y acémilas; después, sus caballos; luego, perros, gatos, ratones y toda suerte de animales inmundos. Con ello sólo intentaban retrasar la muerte. Recurrieron a los cogollos de palmeras cocidos y molidos, a las cortezas de árboles, a las hojas de vid y de parra picadas y aliñadas con aceite. Nada quedaba en la ciudad que, aún sin ser comestible, pudiera ser comido. Las enfermedades por desnutrición y envenenamientos cundían; se multiplicaban las defunciones y, sin embargo, el pueblo continuó su ciega resistencia. Con esforzado empuje y corazón bizarro, quienes no disparaban —hembras, ancianos, niños— reparaban las defensas, preparaban las municiones, secaban el sudor de los soldados, refrescaban su cansancio hasta que ellos mismos caían moribundos, extenuados por la debilidad. Los admirables malagueños clamaron por un socorro que nadie les prestó….

El día 18 de Agosto de 1487, en el mes de Rayá, en medio del calor, entró por las puertas de Málaga el comendador de León. El 19, muertos sus defensores, Gibralfaro cayó. Al Zegrí, encadenado, se le mandó a una miserable mazmorra de Carmona. Sus últimas palabras al despedirse de su tierra fueron:

—Yo juré defender mi patria, mi ley y el honor de quien en mí confiaba. Me han faltado ayudadores que me ayudaran a morir peleando. No es culpa mía seguir vivo.

En Málaga habían muerto 20.000 andaluces; los cerca de 15.000 restantes fueron vendidos por los reyes cristianos en cincuenta y seis millones de maravedíes.”

Jesús López

jesuslopez@laplataforma.org

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